Mamá, quiero ser dibujante de cómics
Esta contundente afirmación la dije hace algo más de 40 años. Mi madre puso cara de no entender muy bien de qué le hablaba, cosa por otra parte muy normal, ya que en aquellos tiempos, en España se empleaba el  término dibujo de historietas o de "tebeos", lo de cómics provenía de los USA, y ciertamente aún no tenía mucha divulgación.

Cuando le expliqué el significado de cómics, puso el grito en el cielo, ya que ese es el legítimo derecho de una madre cuando cree que su hijo va a desperdiciar su vida. De un chico de bien se esperaba que estudiase para sacar una carrera de provecho, como abogado, médico o ingeniero de caminos... incluso podías decantarte por ser matador de toros, pero el dibujo de tebeos-historietas-cómics era por aquel entonces una profesión que la gente honrada asociaba a bohemios, golfos y vagos, e irremediablemente abocada a una vida disipada y abundante en penurias y pobreza. Debo añadir que la reacción de mi padre estuvo a la altura de la de mi madre... eran un matrimonio muy compenetrado, y a fin de cuentas, su intención era buena.

Como buen hijo que era, aguanté estoicamente la larguísima lista de razones por las cuales no debía tomar el camino de la perdición, pero al final, y como la mayoría de hijos hacen ante los consejos de sus padres, seguí  adelante con mis propósitos: Yo quería ser dibujante de cómics.
Esto ocurría a finales de 1970, eran los últimos coletazos de la dictadura de Franco, y el panorama del cómic en España no era muy alentador. Los locos aspirantes a vivir del lápiz y la tinta china habíamos crecido amamantados entre las páginas de "Roberto Alcazar y Pedrín", "Hazañas bélicas", "El jabato", "El guerrero del antifaz", "El capitán Trueno" y un larguísimo etcétera de historieta contaminada hasta las meninges de la ideología de la época: patrioterismo desfasado, caña al moro infiel, todo lo rojo es malo, confabulaciones judeo-masónicas y... mas caña al moro infiel; expresiones tales como “vamos a darles jarabe de palo”, “rayos y truenos merluzo”, “La letra con sangre entra”, “Santiago y cierra España”, “Perro infiel”, “Ostras Pedrín”, “Muere, esbirro” (ésta última, dicha con asiduidad por el Guerrero del Antifaz mientras ensartaba con su espada a cualquier infeliz musulmán que osase cruzarse en su santo camino).

Frases y expresiones que no tenían desperdicio y que dejaban claro que cualquier cosa que no siguiese la senda establecida por el regimen franquista, era mala; conclusión, ojos rasgados= chino comunista, ushanka (gorro ruso)= ruso rojo, hombrecillo escuálido con chilaba y turbante… caña al moro infiel!!!
El material (escaso) que llegaba de los lejanos USA, tampoco aportaba nada del otro mundo; montones de héroes ciclados hasta las cejas, vestidos con ajustadas mallas de dudosa masculinidad, máscaras o antifaces para ocultar vaya usted a saber el qué, héroes auténticamente "made in USA" cuya única misión en la vida era la de dar de leches a los malos: "Superman", "Batman", "Linterna Verde", "Wonder Woman", "Dan defensor", "Spiderman"... Curiosamente, casi todos ellos llevados recientemente a la pantalla grande, lo que demuestra la grave crisis de ideas en la industria del cine, bueno, pero eso ya es otra historia.

Con esto no estoy menoscabando la calidad de los autores. Los cómics estaban en su mayoría dibujados por verdaderos profesionales, auténtica inspiración para quienes los leíamos. Lo que no estaba a la altura eran los guiones... eran falsos, reflejaban problemas inexistentes o ideología inducida por las editoriales.

Los aspirantes a dibujantes de mi generación no comulgábamos con esta situación. Éramos jóvenes, melenudos e idealistas, disconformes con la política y sociedad del momento y lo queríamos gritar a los cuatro vientos, queríamos oponernos y luchar contra lo establecido y lo queríamos hacer incruentamente, con nuestro lápiz, papel y pluma. La idea era un cómic más comprometido socialmente, más real, hablando de personas y situaciones reales, y ... sí, lo podíamos dibujar, pero no había dónde publicarlo.

Fueron años de frustración, de dibujo "alimentario" para poder subsistir, publicando en editoriales o agencias que, o bien nos daban sus propios guiones, o censuraban implacablemente los nuestros.
Llegó 1975 y con él, la muerte de Franco y la transición política, cultural y social. Se comenzaba a oler a democracia. Incipiente, cauta, tímida y temerosa, pero había democracia.

Algunas editoriales abrieron sus puertas ideológicas a lo que se convirtió en la imagen de la transición: el sexo. Los kioscos se vieron inundados de la noche a la mañana de incontables publicaciones (foto y cómic) dedicadas al desnudo. Los años de sequía de teta y culo dieron paso a un formidable y lucrativo negocio editorial.

Y fue entonces cuando surgieron los pioneros. Editoriales que apostaron por el cómic comprometido, con la obra de autor y con la denuncia social (como recordarán los de mi quinta, la del 50, al comienzo de la transición aún había mucho material a denunciar). Aparecieron publicaciones como "El Papus", "Harakiri", "La codorniz", "Hermano lobo", "El jueves", "El globo", "Makoki", "El víbora", "Rambla", "Totem", "Kiss"...
Desde las páginas de estas publicaciones salieron verdaderas obras de arte, tanto a nivel gráfico, como de guión. Los autores pudimos dar rienda suelta a todo lo que teníamos atrapado en nuestros corazones durante tantos años. La política, la religión, el ejército (aquí cuidadín), quedaron retratados en nuestras páginas, en muchas ocasiones en tono de humor, sí, a menudo borde y corrosivo, pero real como la vida misma.

Por supuesto, ciertos sectores no llevaron muy bien esta nueva línea de protesta/denuncia, y reaccionaron como sólo ellos sabían hacer: vertiendo sangre. Una muestra de ello, el atentado con bomba a la redacción de El Papus, el 20 de Noviembre de 1977, en el que perdió la vida el conserje del edificio, Juan Peñalver... un abrazo, Juan, allá donde estés.
Otros 17 trabajadores resultaron heridos y se produjeron numerosos daños materiales. El atentado fue reivindicado por la Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista). La policía no fue capaz de precisar qué explosivo fue utilizado contra la publicación. Los jueces no encontraron culpables y las incógnitas aún existen, 33 años después.
Pero realmente algo había cambiado, ya que, lejos de amedrentar, este atentado sirvió de revulsivo. Se produjo un gran movimiento de solidaridad. Al día siguiente se publicó un editorial común de repulsa al terror fascista en los medios, y el día 23 hubo una huelga de prensa en Madrid casi general, a la que únicamente no se unió El Alcázar. En Barcelona se celebró una manifestación a la que acudieron 6.000 profesionales del periodismo y en el Parlamento hubo una adhesión a la condena del atentado, pero no por todos los representantes políticos.

No recuerdo un acto de solidaridad como este en el mundo editorial, ya que cientos de dibujantes, nacionales y extranjeros, de forma totalmente altruista, enviamos montañas de páginas con nuestra personal visión y con una unánime y total repulsa al atentado. Con parte de este material, se editó el mítico extra "Solidaridad con El Papus".
Fueron años intensos y emocionantes. La gente asimiló este nuevo estilo de expresión, y era ya de lo más habitual escuchar conversaciones del tipo de “¿Has leído el último Papus?... son la releche, le dan palo a todo bicho viviente… dicen verdades como puños”, “El Fraga está cabreadísimo con la caricatura que le han hecho en la portada del Jueves de esta semana”…

No podíamos pedir más… trabajábamos en lo que más nos gustaba, dibujar cómics (y nos pagaban por ello)… dábamos rienda suelta a toda la represión acumulada durante años y los lectores, que eran millares y crecían sin parar, lo agradecían, puesto que se veían reflejados en nuestras viñetas.
“Sin dramas eh?... Aquí se acabó la fiesta pero seguro que hay otra en el piso de arriba!”

Salva
He intentado sin éxito contactar con la redacción de Kiss con intención de pedirles permiso para reproducir estas dos páginas de su último número, dibujadas por Atilio. He querido mostrarlas porque reflejan perfectamente el estado de ánimo de su autor. Su triste y fatalista (magnífico) diálogo con los personajes por él creados. Tristeza, resignación... ¿Esperanza?...
Ha hecho un gran epitafio para Kiss
Pero como siempre, todo lo que empieza, llega a su fin.

Desembarcaron en nuestro país dos fenómenos de procedencias muy distintas, pero ambos fueron letales. Por una parte, la invasión del cómic japonés, los “Mangas”. Aquellos pequeños cuadernos, gruesos, de montones de páginas llenas de personajes con ojos desmesuradamente grandes, y que en un principio no dejaba de ser un estilo curioso y con un toque exótico, hicieron cambiar poco a poco los gustos de los lectores. Y los lectores, llevaron a muchas editoriales a dar un golpe de timón. El mundo editorial, como muchos otros, se tiene que mover por la ley de la oferta y la demanda. Y esta demanda exigía un cambio, tanto de guiones, como de estilo de dibujo.

Algunos dibujantes lo consiguieron, se adaptaron. Otros no.

El segundo fenómeno procedía de la vieja Europa (por aquel entonces, hablar de Europa era hablar de algo lejano, desconocido y misterioso). En países como Alemania, Bélgica, Italia y sobre todo Francia, se había impuesto desde hacía años la modalidad de “álbum de autor”. Tomos encuadernados, conteniendo 48 páginas de cómic minuciosamente elaboradas. Hablamos de obras como “Asterix y Obelix”, “Tintin”, “El teniente Blueberry”, “Modesty Blaise”… Todos estos y muchos más, con una irreprochable calidad de dibujo y guión, y una presentación impecable. El mercado se decantó rápidamente por éste nuevo formato de cómic.

¿Dónde residía el problema?... realizar un álbum de 48 páginas, con el nivel de calidad requerido, exigía dedicarle varios meses de duro esfuerzo, trabajando exclusivamente en él.

De nuevo, algunos dibujantes lo consiguieron, se adaptaron. Otros no, porque no supieron, o porque no quisieron.

Con muchas de aquellas editoriales pioneras ocurrió lo mismo. Intentaron adaptarse a los cambios, pero, en la mayoría de los casos no lo consiguieron.
Fue el fin de una etapa. Personalmente, reconozco que por aquel entonces lo llevé muy mal, odié los “Mangas”  y los “álbumes de autor”. Ahora, con perspectiva, el paso y el peso de los años, lo veo de otra forma… Todo fue producto de la evolución, de la selección natural.

Al igual que ocurrió con los dinosaurios allá a finales del Cretáceo, las editoriales y sus históricas publicaciones comenzaron a extinguirse. El Papus, Cimoc, Harakiri, El Víbora… todas  han ido cayendo… la última de ellas hace escasos días, Kiss Comix, tras casi 20 años y 239 números editados, ha cerrado, y como dice su director, José María Berenguer, lo han hecho “Sin lamentos, sin dramas, sin recapitulaciones”.

Ya quedan pocos. Que yo recuerde, queda El Jueves, luchando con fuerza por evitar la total extinción, la última de las pioneras, el último de los dinosaurios de papel.

El papel. El papel de muchas de estas emblemáticas publicaciones ha sido escaneado. Ha sido subido a un servidor de internet, y ha sido descargado masivamente por miles de personas. Se ha hablado mucho sobre esto, sobre el daño a las ventas de las editoriales, al pisoteo de los derechos de autor, pero, no es estrictamente cierto.

A lo largo de casi toda mi carrera como dibujante “profesional” de cómics, he visto como parte de mi obra (y la de los compañeros) era vendida por desaprensivas editoriales españolas a editoriales de otros países, venta por la cual no percibíamos ni un solo céntimo. Personalmente, he tenido en mis manos varios cómics guionizados y dibujados por mí (de los cuales se supone que sólo yo poseía los derechos de autor), impresos en varios idiomas, incluso en japonés!!.

No, no es totalmente culpa de internet. Puede que los ladrones del trabajo ajeno utilicen ahora la red de redes, pero antes usaban las estafetas de Correos. Los delincuentes son los mismos de siempre, lo que ha cambiado son los medios de los que disponen.
Evolución. Y debido a ella, mantengo la esperanza. No creo en la extinción de los dibujantes de cómics. Los nuevos dibujantes utilizarán (de hecho ya se hace) tabletas gráficas en lugar de papel y lápiz (buena noticia para nuestros bosques), su tinta serán los píxeles de sus monitores, y su obra será publicada por ellos mismos en internet. Cómo demonios ganarán dinero no lo sé, pero habrá un sistema, seguro que sí.

Yo fui del grupo de dibujantes que no lo consiguió. Un dinosaurio más que cayó. No quise o no supe adaptarme (este punto aún no lo tengo muy claro). Hace ya más de doce años que no me dedico profesionalmente al dibujo de cómics, atrás quedan muchos años publicando en El Papus, El Cuervo, Harakiri, etc…

Actualmente trabajo en una empresa de horchata artesanal, Món Orxata (queda claro que mi afinidad laboral con las profesiones artesanas en peligro de extinción ya es un vicio). Aquí me dedico entre otras cosas a realizar diseños y mantener nuestras webs y redes sociales. Me siento cómodo y a gusto con lo que hago.

A veces (no muy a menudo), y sobre todo en momentos de soledad, me sorprendo a mí mismo rememorando aquellos heroicos años y me da la impresión de que todo ha sido un sueño, pero entonces, veo en un estante de la librería algunos polvorientos ejemplares de los cómics que dibujé y me pongo a hojearlos, a releerlos por enésima vez, y pienso: “Joder Salva… pues era de puta madre lo que hacías”…
Muy probablemente, a estas alturas alguno se estará preguntando (si es que alguno ha llegado hasta aquí), qué puñetas de batallita nos está contando este dinosaurio con este pedazo de parrafada infumable, pero es que tras el tristísimo anuncio del cierre de la revista Kiss Comix (una de las últimas), he sentido el impulso visceral e irrefrenable de compartiros esta historia, y de dedicársela a todos los compañeros, compañeras, editores de buena fé, que durante tantos años luchamos codo con codo para con nuestros dibujos ser los cronistas de una época.

Mis compañer@s de trabajo en Món Orxata me han animado a subir este homenaje a Redes, y tambien quieren que me comprometa a desarrollar un comic irreverente y cañero sobre el mundo de la chufa, la horchata y los fartons (la verdad es que me lo han puesto a huevo! Seguro que luego no se atreven a publicarlo…).

Bromas aparte, adios Kiss, adios Makoki, adios Papus…adios a tantos Comics reivindicativos que han caido en los últimos años (El Jueves, resiste!), y quiero terminar reproduciendo un fragmento del último editorial de Kiss: